Conseguir entradas hoy en día es algo muy chungo

Desde que se anunciara de que “Inglorious Basterds” iba estrenarse en España durante el Zinemaldia, tenía la intención de ir a verla junto con otro fan de Tarantino llamado Iker.

Hace tres semanas entré en la página del Zinemaldia para ver que día se estrenaba la película en la sección de Perlas de Zabaltegi. Sería el día 18 de setiembre y habría tres sesiones diferentes en distintos cines de la ciudad. Después miré como iba el asunto de las entradas y cuando se ponían en venta. No parecía que fuese difícil conseguirlas. Se podían adquirir en taquilla, por internet y por cajeros específicos y se pondrían a la venta el día 14 a partir de las 0900h de la mañana.

Hace dos semanas decidimos quién iba a coger las entradas ese lunes y supimos que de repente el Zinemaldia había adelantado la fecha de la venta de entradas un día.

Hace una semana, el día 13, Iker estaba en casa dispuesto a conseguir las entradas a partir de las 0900h. Me llamó por teléfono pasados pocos minutos de las nueve. Para esas tres sesiones ya no había entradas y en una actualización de la página le apareció otra sesión para el día siguiente. Me preguntó si quería cogerlas. Vaya pregunta. Y de repente teníamos dos entradas para el día siguiente del estreno. No me importaba. Viendo como había transcurrido la mañana y después de mirar en las noticias que las entradas para la película se habían agotado en 15 minutos… Cualquier posesión de cualquier sesión era buena.

Inglorious_Basterds_sarrera

La anécdota del día apareció a modo de crítica en el periódico del día siguiente. Alguien se puso a la cola de las taquillas del Kursaal a las 0300h de la mañana (6h antes de la venta) y al parecer sólo tenía a tres personas delante suya. Tras la apertura de la taquilla a las 0900h, cuando llegó su turno para comprar las entradas para “Inglorious Basterds”, estas ya no existían. Se habían acabado.

La lectura que se puede sacar de esto es que hoy en día, el estar unas horas esperando a que abran la taquilla (sean 6, 12 o 24) ya no te asegura una entrada.

Otro problema surge cuando los servidores de internet no dan a basto y la compra de las entradas desde casa se hace imposible y desesperante. Y lo mismo cuando la venta también se hace por teléfono, los cuales están saturados y cuando consigues línea, un puto contestador automático es el que recoge tus datos con la posibilidad de que no capte bien tus datos y te diga que los intentes más tarde. Eso es lo que me pasó a mí cuando intenté conseguir entradas para U2 en Donosti.

El caso es que teníamos dos pequeños tesoros entre nuestras manos y llegado el día D, acudimos al cine de Antiguo-Berri con muchas ganas. Las entradas estaban sin numerar, lo cual nos obligaba a ponernos a la cola antes de que abrieran la sala.

Eso crea otro problema que ya comenté con @ketari sobre un truco para cuando no tengas entrada para una peli del Zinemaldia.

En fin.

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