De aquí a St. Petersbourgh

Once. Sólo once días son los que me quedan para irme de vacaciones por segunda vez este año y esta vez a sido un auténtico quebradero de cabeza. De principio a fin (el cual todavía no ha llegado).

Normalmente dejo los destinos en manos de mi fiel compañero de viajes el cual ha viajado más que yo y tiene referencias de personas que también han viajado bastante. Llevamos viajando juntos desde hace seis años y siempre buscamos las mismas cosas en estos viajes. En esta ocasión vamos a superar nuestro propio límite y desde el principio comenzamos con el pie izquierdo. Desde que volvimos de Hamburgo (en Semana Santa) tuvimos un parón con las tareas a realizar (buscar vuelos, hostales, rondar precios…) y ese parón ha tenido su efecto negativo. Ya sabíamos a donde íbamos a viajar pero sin concretar. Escandinavia y el mar Báltico.

Pasamos el margen de tres meses que solemos autoimponernos y a partir de ahí ya… los vuelos comienzan a encarecerse, los hospedajes se van ocupando… También nos costó encontrar al tercer hombre que normalmente siempre nos acompaña. Normalmente no suele ser el mismo pero esta vez sí. ¿Por qué será?

Comenzamos a barajar fechas entre nosotros y con nuestras respectivas empresas y siempre mirando de reojo a los precios de los vuelos que teníamos en mente coger. No fue fácil. A uno de los viajeros no quisieron darle vacaciones en la empresa pero al final lo consiguió. A la hora de escoger los vuelos nunca lo tuvimos fácil. No eran los más baratos y tampoco lográbamos coincidir el más barato para ir con el más barato para volver.

Cuando ya teníamos todo a punto sólo falta un sí por parte de los tres para coger los vuelos. Bilbao – Stockholm, St. Petersbourgh – Santander… Sí St. Petersbourgh, lo habéis oído bien. Vamos a pisar suelo ruso y necesitamos visado. Ese está siendo el mayor quebradero de cabeza. Sabíamos que documentos necesitábamos después de consultar en una agencia de viajes cercana (por no ir a la Embajada rusa en Madrid o Barcelona) y sabíamos cuanto nos iba a costar la «broma» pero estábamos a la espera de que el tercer hombre renovara Pasaporte y DNI para entrar al país.

Los hostales ya estaban cogidos para entonces y la ruta en nuestras mentes simulada. En el camino tortuoso hacía la obtención del visado, los rusos también te piden un documento que es una especie de invitación o algo así que te tiene que hacer el hostal en el que vas a estar alojado en Rusia. A la espera de ese dichoso papelito hemos estado más de dos semanas. Que sí no habían recibido el dinero, tal y cual Pascual. También hay que rellenar otro documento que te envía la Embajada rusa para completarlo. La semana pasada pregunté a la agencia en cuanto tiempo harían los visados. Haciendo cuentas y… no. No llegaban a tiempo.

Y el lunes ahí estaba yo, en la parada del autobús dispuesto a ir a la agencia para entregar todos los papeles debídamente cumplimentados, los pasaportes, los «printers» de los vuelos y demás pero el bus llegó tarde  y cuando llegué a la agencia ya estaba cerrada. El martes hubo huelga en la CAV y al final conseguí dárselos al agente al día siguiente para que los envíase con el sello de URGENTE.

Francamente, es el viaje que más nos ha comido el coco, hemos andado tarde, nos está saliendo caro y lo peor es que todavía tenemos que esperar a que llegue el visado.

Once días.

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