Viajar en helicoptero en New York

No sé si podré contestar a la pregunta de si merece la pena o no este breve paseo en helicóptero bordeando La Gran Manzana. En mi sincera opinión, no. Ni siquiera el recorrido más sencillo, barato y corto. Para mí tiene un precio desorbitado para la poca duración que tiene y no merece la pena. Sí, las vistas son impresionante y volar en helicóptero es una experiencia que pocas veces se puede tener. Pero aún así y habiéndolo vivido… para mí no merece la pena.

El helipuerto está situado en el sur de la isla cerca de Battery Park (distrito financiero). Al lado de donde salen los ferries amarillos hasta Staten Island. En la misma puerta te empiezan a acosar las diferentes compañías que ofrecen estas excursiones. No hay diferencia de precios y todos ofrecen las mismas rutas. El viaje más corto dura 15 min y recorre desde el helipuerto hasta la altura de Central Park por el oeste de la isla. Allí da media vuelta y mientras vuelves puedes contemplar New Jersey al otro lado del río. Después se acerca un poco hasta la Estatua de la Libertad (no mucho) y aterrizas. Lo dicho, 15 minutos. En total pagas 175€ (ahora me ha entrado la duda de si eran euros o dólares) más la tasa del helipuerto que son 25€. Todo esto por persona.

Otra ruta es la que subes más por la isla, hasta Harlem y vuelta. También por el lado oeste. Serían 25 minutos y 50€ más. La tercera ruta, como la anterior (hasta Harlem y vuelta por el oeste), subrevuela el helipuerto y vuelve a subir por el este de la isla hasta Central Park. Serían 35min y llegaríamos a los 300€. Para mí un precio desorbitado. Si en cada helicóptero entran 6 tripulantes más el piloto… echad las cuentas.

Pues lo dicho. Incluso haciendo el tour, sigo pensando que la experiencia no vale la pena gastar tanto dinero. Si aún así sigues convencido en subirte a uno, que sepas que tienes que pasar un control de seguridad como si estuvieras en el aeropuerto y te piden tu peso. Dejas todas tus pertenencias en una taquilla (te dejar llevar la cámara de fotos), ponerte un cinturón salvavidas y chuparte un vídeo de seguridad. También te sacan una foto junto al helicóptero que después puedes pagar para llevártela. La nuestra se quedó allí.

A continuación os dejo las vistas del tour.

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Pisando por primera vez la Gran Manzana

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Sales de casa a las 0600h de la mañana hora local, pasas el paupérrimo control de Loiu sin poder echar ni siquiera un café porque… ¡joder! ¡Están embarcando! Escala de 3h en Madrid que se pasan en un pin pan y vuelta a subir al avión. 8h de viaje por delante. Te dan de comer y de cenar. O era el desayuno. Ya no sé ni en que hora vivíamos. Eran las 2:35pm en el JFK pero las 2035h desde donde comencé el día. No, no dormí en todo el viaje. Estuve entretenido viendo la quinta parte de Mission Impossible y la segunda del Departamento Q. Me habían hablado de la cola del JFK pero no fue para tanto.

¿Qué es lo mejor que te puede pasar cuando aterrizas en New York? ¿Qué alguien te esté esperando con un cartelito para llevarte en coche directo hasta el hotel? Puede, pero que ese alguien te invite esa noche a una barbacoa en su casa se lleva la palma. Grande Hassan. Nunca olvidaremos tu conducción a lo GTA.

Llegar a tu habitación en Brooklyn, dejar la maleta, conectarse al wifi del hotel, llamar a los parientes y uno se libera totalmente. Ya se puede decir que estás de vacaciones.

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Día 1 en La Gran Manzana

Lo primero que quería hacer era entrar andando a la mítica isla y que mejor forma que hacerlo desde el Brooklyn Bridge. No se puede describir la sensación que siente uno durante esos momentos. El punto negativo del puente es la mala relación que hay entre viandantes y ciclistas en el mismo puente. Los turistas no respetan el carril bici y los ciclistas les increpan. Incluso los golpean con el codo.

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Salvo eso, la sensación que transmite el ir acercándote a Manhattan es que vas a entrar en un mundo totalmente distinto, caótico, estresante, lleno de atascos de coches, gente medio corriendo de un lado a otro con el café en la mano… No. Eso no pasa. Es otra gran ciudad como otra cualquiera. Todo ocurre con total normalidad.

Pasas el puente y yo, tan fan de la arquitectura, comencé a mirar hacia arriba. Allí estaba el nuevo World Trade Center. El más alto de las inmediaciones pero no el más alto de Manhattan (ya ha sido superado). Hacía allá iba yo como cualquiera que ve la Torre Eiffel a lo lejos. Paso a paso nos acercamos a donde antaño estuvieron las Torres Gemelas y donde 18 años atrás mi hermana había estado.

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No hay gente llorando, ni manifestaciones conspiranoicas, ni nada por el estilo. Tampoco reina el silencio absoluto, ni vimos gente rezar. Es simplemente otro sitio más en la ciudad. ¿Sobrecogen los espacios vacíos de las torres? Yo no lo puedo decir porque nunca vi las torres de cerca. No he conocido el antes. Sólo el después. Lo que si se respira son los aires de patriotismo típico de los EEUU. Estoy hablando todo el rato del espacio externo del Memorial. Debajo de éste está el verdadero Memorial 9/11, el cual hay que pagar para entrar y hay una buena cola. No estamos tan sensibilizados como para visitarlo. Siento decir esto pero es la verdad.

Seguimos por el Downtown y reconocimos la entrada por donde Simon robaba el oro de la Reserva Federal mientras tenía a John McClane dando vueltas por la ciudad. Desde Zuccotti Park hasta Bowling Green, estaba cerrada al tráfico y lleno de puestos artesanales y de comida de todas partes del mundo. Estoy en duda si era porque se celebraba el Columbus Day aquel día (12 de octubre) o por alguna otra razón. Tampoco me importa mucho saberlo. Sólo sé que aquellas ropas estaban agarrando un olor a comida… Lo peor de todo es que estábamos en hora de comida y apetecía cualquier cosa que veíamos en los puestos. Nos comedimos un poco pero la mazorca cayó. La gente tenía antojo.

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En una perpendicular de esta calle está Wall Street y el edificio de la bolsa “o como lo llamamos los estadounidenses, el New York Stock Exchange“. Nos lo dijeron más de una vez.

Si andáis como nosotros por esta zona y tenéis hambre, os recomiendo comer en alguno de los restaurantes de Stone Street. Otro día ya os contaré como se come en New York.

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Para relajarnos un poco después de comer, nos acercamos a Battery Park y contemplar las vistas desde el Distrito Financiero. Desde allí se puede divisar en la lejanía la Estatua de la Libertad, algo más cerca Governors Island, Brooklyn, a mano derecha New Jersey y detrás de la estatua, más allá, Staten Island.

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La primera jornada estaba siendo dura para algunos y pese a tener todavía tarde por delante, decidimos acabar el día en Central Park. Por fuera no lo parece pero cuando estás dentro… dios, que grande es. 4 kilómetros de largo y 800 metros de ancho. Literalmente te puedes perder dentro, pero lo más seguro es que no te pierdas porque tiene fácil salida en cualquier dirección. Gente jugando al soccer, al beísbol, a lacrosse, a fútbol americano, a basket, a voleibol… y luego pasas junto a Raúl (sí, Raúl González Blanco) que está disfrutando como otro más en el parque dando toques a un balón sentado en el suelo con los amiguetes. No, no sacamos foto. Nos quedamos tan en shock que empezamos a deliberar si merecía la pena volver atrás sobre nuestros pasos para pedirle esa foto. Él encima nos estaba viendo y lo vi reírse. Al final seguimos para adelante y al día siguiente fue cuando anunció que iba a colgar las botas a final de temporada. Gran jugador y mejor profesional.

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Y así es como terminamos nuestros primer día en New York. En Central Park.